jueves, 4 de febrero de 2016

España: unicornios a la vista

Quienes en los últimos años nos hemos empecinado contra viento y marea en señalar los principios y prácticas del federalismo como vía de solución a los problemas institucionales de Cataluña, España y Europa, hemos sido a menudo recibidos con burlas y menosprecio. Esto ha sido así tanto por parte de la derecha centralista y uniformista española (algunos rancios tertulianos del canal 24h de TVE y parecidos, que hace poco acudieron al desván socialista a quitarle las telarañas a un antiguo ministro de interior), como por parte de bastantes portavoces del independentismo catalán. Todavía hoy tenemos que soportar la típica cantinela (entre supremacista y xenofóbica) de que dónde están los federalistas, que no hay más allá del Ebro, que no hay con quien federarse, etc. Daba igual señalar que cada vez se escuchaban más voces federales en los editoriales de los diarios, en las encuestas, entre los portavoces políticos españoles, entre nuevos presidentes de comunidades autónomas, entre expertos en derecho constitucional de toda España. Todo daba igual: se suponía que los federalistas eran como unicornios, seres míticos inexistentes. Mientras tanto, nosotros no nos hemos callado, y sobre todo, la realidad iba mostrando tozuda su fuerte sesgo federal. No en vano algunas de las sociedades que mejor gestionan sus problemas institucionales tienen una organización federal: Canadá, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Australia... Ahora resulta que en España no sólo hay federalistas, sino que el Rey le ha encargado a uno de ellos formar gobierno, el mismo que hace unos meses se hizo asesorar por un grupo de sabios federalistas, entre los que están Joaquín Tornos, Xavier Arbós y Alberto López Basaguren, y presididos por el andaluz federalista Gregorio Cámara, quien, lejos de ser un excéntrico aislado, resulta que va a ser el portavoz del PSOE (el partido de quien intenta formar gobierno) en la Comisión Constitucional del Congreso. Y en el grupo de sabios también había sabias, claro, entre ellas Meritxell Batet, que está en el equipo de estadistas que va a negociar la composición del nuevo gobierno. Por supuesto, es posible que todo esto quede en nada, que Pedro Sánchez no consiga formar gobierno y que de la Comisión Constitucional no salga nada. Pero ¿y si sale? ¿Qué dirán quienes nos han estado menospreciando o a lo sumo tratándonos con condescendencia? ¿Qué cara se les quedará a quienes creían que se subían a la ola de la "nueva centralidad" y ahora hacen el ridículo aceptando cargos que implícitamente suponen tragarse la corrupción y la disminución de la calidad democrática que se vive en Cataluña? Hay unicornios a la vista. No contarán con la ayuda de quienes prefieren no verlos. Pero no sólo haberlos haylos, sino que es posible que gobernar gobiernen y reformar la constitución (con otros, claro) la reformen.

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