miércoles, 15 de enero de 2014

Federalismo contra reduccionismo

De acuerdo con el “trilema” formulado por el economista norteamericano Dani Rodrik, existen tres realidades, de las cuales hay que elegir dos porque las tres simultáneamente son incompatibles: el Estado-nación, la democracia política y la integración económica supranacional. En los años anteriores a la Gran Depresión de los años treinta, el mantenimiento estricto del patrón oro permitió compatibilizar la integración económica internacional y los Estados-nación, pero poniendo en serio peligro la democracia política. Ello debido a que la camisa de fuerza del patrón oro no podía dar respuesta a las demandas crecientes de la ciudadanía, canalizadas a través de instituciones exclusivamente nacionales.
En las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, los Estados-nación y la democracia política coexistieron en los países desarrollados porque la integración económica internacional se limitó a los acuerdos de Bretton-Woods. Superados estos, un federalismo global haría compatibles la democracia y la integración económica internacional dejando atrás el Estado-nación, pero estamos lejos de alcanzarlo y no sería aconsejable sin antes asegurar la existencia y modernización del Estado de bienestar. En Europa sí tenemos en nuestras manos hacer compatibles la democracia política y la integración económica, pero solo si se reduce el protagonismo de los Estados-nación, por lo menos tal como los hemos entendido hasta ahora (en parte, ya lo estamos haciendo). El reto a nuestro alcance es crear un gran sujeto político y económico, la Unión Europea, cuya seña de identidad sea la prosperidad compartida, y que sea relevante en un mundo que tiene planteados enormes retos globales (el cambio climático, la estabilidad financiera, la pobreza mundial).
(El resto del artículo, aparecido hoy en el diario El Pais, puede leerse aquí).

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